la fo

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¡Hola! Mi nombre es Sofi Galindo, conocida en mi casa y en las vecindades como la fo. La mitad del tiempo soy abogada y la otra mitad soy un camaleón. 

Tengo un amor incomprendido (nadie sabe de dónde salió) por la cocina. Este amor nació en mi época universitaria después de estar expuesta a demasiados shows televisivos de chefs ingleses. Poco a poco lo he ido amasando y puedo decir que es la forma más genuina que encuentro de expresarle amor a lo que quiero y a los desconocidos (y es mi forma favorita de consentirme). (Literal la energía que uno invierte se convierte en algo que formará parte de la energía de esa persona :O)

Como pasa con todos y todas, cuando somos pequeños creamos una imagen mental de nuestra vida de jóvenes adultos. Mi imagen mental involucraba una vida de ruda abogada con un despampanante vestuario y un largo historial de boletos de avión (ojo que los delantales nunca formaron parte de mi imagen mental). Aparentemente la vida de ruda abogada va algo encaminada, y el "despampanante vestuario" hace que juegue a estirar mi salario todos los meses. Durante todo este tiempo, mi visión de vida joven adulta me sentaba en una banca del Pont des Arts de París con un vestido y medias negras. En otro acto más de rebeldía y complacencia a mis sueños de niña, compré un ticket de avión a Madrid y me lancé en soledad (soy parte de la secta de viajeros solos), con una mochila, miedos e ilusiones. Me senté en la banca y me comí un croissants au chocolat, pero la experiencia liberó mi personalidad, mi mente y mis fronteras. Así que, sí, soy parte del poco selecto grupo de misteriosos individuos que prefiere tener el pasaporte repleto de sellos que cualquier tipo de propiedad tangible (excepto ropa). Les pido disculpas anticipadas por mi adicción a los aviones y el extraño romanticismo que le doy a los aeropuertos.

Creo con mucha energía en las ciudades sostenibles y en la cultura ciudadana. Los espacios públicos me hacen feliz y me encanta explorarlos (preferiblemente sola o con valientes amigos). Amo a mi ciudad y a su arte. Mi parte favorita de la ciudad es el Centro Cívico (ese extraño amor que tiene uno por la torre de tribunales y el Banco de Guatemala). Este amor por mi ciudad se complementa perfectamente con mi amor por caminar con mis audífonos puestos. Me siento con el derecho de caminar mi ciudad con los audífonos puestos y reclamo el espacio sin miedo (como si fuera una película). Para mí, la única forma en la que crearemos una verdadera cultura ciudadana es asumiendo que ya existe una y comportándonos como si viviéramos en una ciudad sostenible. 

 

¿Por qué descubro sola? Es la mejor manera de salir de una zona de confort y de conocer los lugares y personas. Soy fan de los restaurantes con una barra y es mi lugar favorito para sentarme (no les mentiré, muchas veces me he sentido realmente incómoda y no he logrado entablar conversación, pero es parte de sentirse feliz en nuestro propio cuerpo, bla... bla... bla...). 

Así que este es un espacio para lanzar al cosmos todo lo que pienso y hago (y sentirme un poco ridícula al mismo tiempo). 

 

 

 

 

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