El Mercado de la Terminal- un fénix en la zona 4

El Mercado de la Terminal- un fénix en la zona 4

La mañana inició con mi mamá sacudiéndome para que me despertara. Por un momento juré que me había quedado dormida y ya era tarde para ir a trabajar. Luego recordé que era sábado. Llevaba meses rogándole que me acompañara al mercado de la terminal. He rogado a un resto de personas realmente. A lo mejor le he lanzado la propuesta a las personas equivocadas  ya que usualmente la respuesta es un "¿Para qué necesitas ir?". Mi respuesta era siempre "Qué divertido ¿o no?"

Durante mi niñez y parte de mi vida "seudo"adulta la terminal ha sido una parte desordenada, misteriosa y una fuente constante de tristes historias de incendios. 

Mientras mi amor por la comida, los ingredientes, mi ciudad y cultura se fue diversificando, creció mi interés por los mercados. Me dediqué a explorar poco a poco el mercado central, hasta que me sentí cómoda y familiarizada con el. 

Ahora el reto era otro, necesitaba ir a La Terminal. 

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Lastimosamente, la realidad causa una factura en nuestros hábitos. La terminal me traía recuerdos de mis papás subiendo las ventanas y asegurándose que las puertas del carro estuvieran con llave. Entre estos, las redes de contrabando, las políticas de sicarios contra ladrones, los incendios y las camionetas, lo cierto es que jamás me llamó la atención asomarme. 

La terminal fue inaugurada por la Municipalidad de Guatemala en el año 1953. Es actualmente el único mercado dentro de la jurisdicción de la ciudad de Guatemala que no solo vende al por menor sino al mayoreo. El mercado se divide en varias áreas, conocidas como el granadero, la tomatera y la cebolleta (de la información que he encontrado, pero si tienen más sería genial que la comentaran). Quisiera explicarles a ciencia cierta cómo está todo dividido de una manera más informada, pero la realidad es que me tomará mucho tiempo familiarizarme con el lugar y su constante evolución. Así que solamente me dedicaré a hablar sobre la primera vez que fui a la terminal (de manera consciente y voluntaria). 

Lo cierto es invité a mi mamá que me acompañara, ya que se afanaba de haber ido varias veces con su abuela. Le cedí completamente el control. Llegamos y nos estacionamos cerca de la Torre del Reformador. Empezamos a caminar con el sol del sábado en la mañana mientras el fuerte viento bailaba con nuestras pestañas. Nos detuvimos en un semáforo, un señor se nos acercó (lastimosamente a mí ya me da lo mismo, pero a mi mamá no) y me dice "¡Que preciosa! Un poquito gordita pero ¡Preciosa!". El evento resultó en carcajadas de parte mía, y en ofensa de parte de mi mamá. Mire al bendito señor de pies a cabeza y mirándolo a los ojos le dije "Gracias".  (Resulta bastante efectivo mirar a los ojos y contestarles a los hombres que piensan que andar lanzando piropos en la calle es normal- se mueren de la vergüenza)

Seguimos avanzando y yo le preguntaba a mi mamá "Bueno pues, ¿Dónde está el mercado?"  Mi mamá me volteó a ver y me dijo "Esto no se parece nada a la última vez que vine". 

Caminabamos a un ritmo bastante veloz, entonces empecé a bajar la velocidad. A ver las ventas con detenimiento. ¿Qué vendían? ¿En qué se diferenciaban con el supermercado? ¿Quiénes estaban vendiendo?

Mi mamá estaba evidentemente perdida, entonces, con lo mandona que soy, empecé a preguntar ¿A dónde tengo que ir para llegar a las carnicerías? Nos escabullimos por pequeños pasillos, champas, casinos, ventas de películas, montañas de platanos, zanahorias, lechugas, y la vida de muchas personas. Alrededor se escuchaban muchos idiomas. Era evidente que unos eran distintos que otros. Habían cuartos de hotel, duchas para alquiler, lockers, y muchas facilidades para las personas que por años han visto en la terminal su bienvenida a la ciudad de Guatemala. 

Mientras yo hacía y deshacía, solo escuchaba a mi mamá invocando a todos los santos del calendario litúrgico (ella es así y da mucha risa, pero no hay que molestarla porque se ofende).  Pasamos por las ventas de flores y pidiendo permiso, empecé a tomar fotos de flores. Luego conocimos a un carpintero que prometió hacerme una mesa de carpintero para mi cocina. Probé chicharrón de una venta (que estaba super bueno) mientras mi mamá me preguntaba con unas cejas curiosas "¿Vas a comprar?".

Por fin nos adentramos hasta donde yo quería llegar. Se asomó una carnicería con las salchichas colgando y al lado una venta de licuados. Corrí por el pasillo mientras escuchábamos a las chicas vendiendo cebolla (con un ánimo fatal). Cruzamos a la derecha y se sintió el hermoso olor a mar. Un paraíso de pescados, camarones, pulpos y todo tipo de criaturas marinas  nos esperaba. Tocaba los pescados, sus ojos, veía las agallas y su piel para determinar que estuvieran frescos. 

Preguntando y preguntando, llegamos por fin al puesto de "Lalo", el lugar donde, de acuerdo a un artículo de Mister Menú, Pablo Díaz compra su pescado. Nos atendió Hector, el hermano de Lalo. Nos lanzamos la plática del milenio mientras me explicaba cómo filetea el pescado, los que tenía disponibles, y algunos tips. Hablamos de su sobrina que quiere ser chef, de cómo el aprendió de los mariscos por su papá y de mi obsesión por ser mejor cocinera. Observé detenidamente como limpiaba y fileteaba un gran pargo que compré, comparando cómo lo hago yo y buscando mejorar mi técnica. Me vendió otros dos pescados para practicar y me dio un par de consejos. Los dos nos reíamos con mis malos chistes mientras mi mamá en la esquina me miraba como diciendo "esta bendita está loca". Hubiera querido platicar más con él, pero lo cierto es que el lugar se mantuvo atascado siempre. Platiqué con otra señora y su bebé de un año y medio que tenía amarrado a su espalda. Mi mamá dio un par de vueltas por ahí y luego regresó, haciéndome caras y preguntándome porqué tenía que hacerme amiga de todo el mundo (ya no se da cuenta que ella es igual). Luego Hector y yo intercambiamos teléfonos para una amistad comercial y de la vida que espero dure muchos años.

Dimos varias vueltas, y la verdad me sentí un tanto abrumada (quería preguntar y comprar de todo). Poco a poco regresamos a la calle y de regreso al estacionamiento. 

Lo cierto es que la terminal es el hogar y lugar de trabajo de muchísimas personas. Es la puerta de bienvenida de muchas personas a la ciudad de Guatemala y el sueño cumplido de un futuro mejor de cientos de personas. Dentro de esos callejones de tiendas, se mueve un gran sector de la economía del país y  esta funciona como un mundo completamente distinto. Dentro de la terminal existen muchas escuelas para niños y adolescentes que tiene que trabajar. Estas funcionan gracias al Programa Educativo del Niño y Niña Trabajador y me parece que hacen un sensacional trabajo.

La terminal ha resurgido como un fénix de las llamas varias veces desde su creación en el año 1953; y con el, sus habitantes han logrado sus sueños y resurgido de haber perdido todo. 

Así que, la próxima vez que se atrevan a decirle a alguien que no hable de determinada forma para no parecer "señora de mercado que va a bajar el canasto", los invito a que visiten La Terminal un sábado a las 5 am. Espero que admiren el trabajo y los sueños de las personas que viven en el mientras buscan Y ENCUENTRAN un futuro mejor. 

Korea en la zona 7

Korea en la zona 7

Amor en la estación Hauptbahnhof

Amor en la estación Hauptbahnhof