Korea en la zona 7

Korea en la zona 7

Les parecerá impactante que nunca me había lanzado a comer comida Coreana. Lo cierto es que en mi casa no crecimos en un ambiente de investigadores culinarios (y las alergias de mi hermano tampoco lo permitían) y hasta hace poco empecé a descubrir varios mundos geniales de sabores y tradiciones. 

A finales del año pasado, tomé un curso de Bases de Cocina en el ACAM (Academia Culinaria de las Américas). Entre los cuchillos, mandiles, redecillas y millones de verduras hechas mirepoix, hice amigos geniales. Conseguí amigos que, en medio del remolino de la vida, me revivieron un poco. 

Uno de estos amigos es Mario, un chino que quiere ser coreano. La vida lo llevó a Corea del Sur, a Seul y su historia se acercaba un poco a la mía. Mario ama la cocina, aprender, comer, viajar, las culturas, los restaurantes y es una nave espacial de persona. 

Mario ofreció llevarme a "comer algo rico/loco" por mi cumpleaños. Luego de que desapareciera en Asia (mientras yo me moría de celos) por fin logramos juntarnos a comer. Me lanzó el nombre de un restaurante coreano en la zona 7, escrito en coreano. El lugar se llama Han Guk Kwan y su ubicación en google maps no está bien (le agradezco a irme a atascar al tráfico como veinte minutos). El asunto es que llegué a un portón naranja donde bociné. Luego de estacionarme entré en búsqueda de mi compañero de comida, que estaba sentado en una mesa separada por pantallas de cuero y con un simpático sistema de campanas instaladas en cada sección. 

Mario hizo una de esas cosas geniales que siempre había querido que sucedieran (sueño hecho realidad aunque no se lo dije). Me senté, y sin pensarlo Mario llamó a la mesera y ordenó la comida (con nombres extraños). No tenía idea qué íbamos a comer, solo estaba segura que me iba a gustar (y que tendría que ser valiente).

Había un espacio redondo justo en medio de la mesa, donde colocaron un recipiente metálico con brasas. Luego colocaron una reja. Poco a poco empezaron a llevar pequeños recipientes con todo tipo de platillos misteriosos. Los platillos no dejaban de aparecer y colocaban todo como un pequeño festival asiático de felicidad. 

La comida ha evolucionado en las sociedades y en ella se manifiestan muchas de las tradiciones y creencias. La comida corena no es la excepción. La filosofía culinaria corena valora el compartir la comida. Se colocan todos los alimentos (que se van mezclando unos con otros) y son compartidos por todos los comensales. Por esta razón vemos todo un popurrí de platillos en la mesa y una parrilla, de la que poco a poco (o a gran velocidad) picaremos la carne que ya esté lista. 

Interrogué levemente a la mesera sobre los platillos que nos llevaba, cuánto tiempo tenía de trabajar ahí, qué le parecía tener que cocinar en la mesa, etc. etc. etc. Mientras tanto, Mario avanzaba con los palillos "chinos" metálicos y una cuchara que parecía herramienta médica. Tomaba carne, salsas, verduras, camarones y un resto de cosas que aún tengo que investigar. Los palillos "chinos" no son de madera, sino de metal y son un tanto más delgados. 

Poco a poco me lancé a probar lo más que podía, y entonces encontré el Kimchi. Para los que necesitan una introducción, el Kimchi es uno de los platillos más famosos de la comida coreana. Está hecho de col china, rábano blanco o pepino (u otros vegetales, dependiendo de la región y  la temporada), que se sazonan (con diferentes especies e ingredientes) y luego se fermentan. Como en muchas culturas culinarias, la fermentación se utiliza para conservar las verduras en la época de invierno y no quedarse sin alimento. Se considera que este es el origen del Kimchi en Corea. Las verduras se colocan en tinajas de cerámica y se colocan bajo tierra. Actualmente no todas las personas utilizan este procedimiento, ya que se ha actualizado a la realidad culinaria de nuestros tiempos, así que existen recipientes especiales para realizar Kimchi. El Kimchi es tan famoso y relevante que fue añadido a la lista representantiva del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.  En nuestra mesa estaba servido en un pequeño recipiente cerámico un tesoro de la cultura coreana. 

Además, Mario pidió una sopa de Kimchi (tengo la leve sospecha que estaba tratando de jugarme una broma). El Kimchi es una de esas cosas que o te gusta mucho, o lo detestás, o te hacés la fuerte y le vas ganando la batalla del gusto adquirido (como la cerveza). Lo cierto es que estaba super emocionada por probar Kimchi tradicional, únicamente había provado kimchi de mango verde en M24 (y había visto un programa de Chef's table donde salía el original), entonces cuando lo logré ubicar (les prometo que fue toda una aventura) me lancé a probarlo. "Eso es Kimchi" me dijo Mario (como advirtiéndome). Busqué un pedazo decente, suficiente para probarlo bien pero poco como para no arrepentirme cuando lo tuviera en la boca. Fue algo fabuloso, así que soy parte del club de personas que oficialmente aman el kimchi. Luego me lancé a la sopa de Kimchi y todo fue más que fabuloso. 

Me quedé con ganas de estar sentada en el mercado Gwangjang con un amigo como Mario que me explique todo y reirme alrededor del mundo alternativo asiático. Así que solo se sumó a mi lista de sueños por cumplir (mientras como ansias por estar en Asia por fin).

Un agradecimiento total a Mario por presentarme a la comida coreana, prometo que seremos mejores amigas. 

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