Festival Gastronómico

Festival Gastronómico

Mi sábado empezó temprano, me salté el desayuno y me lanzé a la ducha. 

El fin de semana del 6 y 7 de mayo estaba atascado de cosas interesantes que hacer. Había pasado la mitad de la semana ingeniándome cómo organizar mi tiempo para poder hacer de todo un poco. Tengo la mala (¿o buena?) maña de anotar en mi calendario todas las actividades que hay y quiero hacer. Me gusta ver cómo se coordinan o se cruzan mezclándose los colores de cada una. Me gusta estar ocupada. Las actividades iban desde el festival de mural de Bonito mi Barrio, pasando por los múltiples festivales de comida hasta terminar en Analógicos por la noche o en una cena de comida india de Nueva Acrópolis

Entre este abanico de guapas opciones, estaba el Festival Gastronómico de Cerveza Modelo en el Zoológico la Aurora (que invadió el jardín el sábado y domingo). La temática de este festival gastronómico (es todo un mundo el que existe en torno a los festivales gastronómicos, y sí, tienen temáticas) era la combinación de Cerveza Modelo (en sus distintas presentaciones) con platillos de algunos de los más interesantes restaurantes de la ciudad. Este festival gastronómico surgió también con la ayuda del ingenioso equipo de Mister Menú. Al festival asistirían varios restaurantes que tendrían un menú especial "tipo festival" y habrían clases de cocina, stand up comedy, bandas geniales y un par de sorpresas más. 

Mi forma de describir este festival gastronómico es como si eligieran restaurantes favoritos y restaurantes por probar y los colocaran todos en un solo lugar con la opción de ir probando de todo de cada uno (y Doña Mela estaba en la lista). En pocas palabras, EL MEJOR FIN DE SEMANA DE LA HISTORIA. 

Mister Menú lanzó un concurso por cinco espacios en la mesa del "foodie club" del festival gastronómico. Además del millón y medio de cosas en lo que están involucrados, el equipo de Mister Menú creó un asunto simpático llamado "foodie club". De la página de Mister Menú, "El Foodie Club (...) es un club privado para amantes de la comida, que quieren tener un papel activo en el mundo de la gastronomía. Este movimiento tiene como finalidad construir una comunidad capaz de iniciar una revolución gastronómica, a través de aprender, compartir lo aprendido y tener experiencias juntos." Ya sé, que fancy ¿verdad?, pero, realmente, es un grupo genial de personas que tienen proyectos, negocios, ideas geniales y un particular amor y curiosidad por el mundo de la gastronomía. 

Después de poca presión (y en contra de mi odio por participar en concursos en redes sociales- la verdad es que me da vergüenza) pasé por los pasos de la metodología y lo dejé estar. El viernes siguiente, a eso de las seis de la tarde, mientras me desconectaba del horario laboral recibí un mensaje diciendo que había una silla para mí en el foodie club (¡Felicidad!). 

El foodie club versión festival gastronómico sería un almuerzo de cinco tiempos preparado por el adorable Jorge Jorge Lamport de Camille y la guapa y curiosa Debora Fadul de Chef de Moncoeur. 

Entre tanto ir y venir, logré llegar al zoológico justo a las 12:30 (la hora del almuerzo), así que salí corriendo por todo el estacionamiento como una loca  y llegué al festival. La entrada era para ambos días y luego de pasar por un arco con una gran M entré a uno de los jardines más lindos de la ciudad. Al jardín lo habían invadido toldos negros (un toldo por cada restaurante), dos carpas más grandes, un escenario y varias mesas de "picnic". Los grandes árboles albergaban a un par de personas sentadas en sus raíces con hamburguesas, cervezas, sanguches, risottos, y de todo un poco. Otro árbol servía de escenario para una cocina improvisada en la que bailaban de un lado a otro las manos de Jorge Jorge Lamport, Debora Fadul y sus equipos. Por fin llegué a la mesa del "foodie club" y me saludó una chica con unos lindos lentes oscuros y una gran sonrisa (Ángela Mena, cofundadora de Mister Menú). Platicamos varios minutos, mientras yo sentía que el jardín daba vueltas alrededor mío. Poco a poco apareció más gente del equipo de Mister Menú. Gracias al equipo de Mister Menú por ser tan geniales.

El almuerzo empezó un poco más tarde. El tráfico tenía de rehenes a un par de comensales. Entonces decidí ir a explorar por ahí. 

Me aventuré a los toldos a saludar a un par de amigos restauranteros y cocineros. Pasé la mayor parte del tiempo "chismeando" con Victor, de La Feliz Bicicafé y un rato con los chicos de Gula. 

Regresando al "foodie club", lo genial de la mayoría de eventos de colaboración/ pop up's/ cenas temáticas es que reúnen a los comensales en una sola mesa y esta no era la excepción. Esto, en mi mente, hace el servicio y la presentación de la comida más coherente. Además, es una de mis formas favoritas de conocer nuevas personas y es uno de los elementos del "foodie club". Todos estábamos ahí con algo en común, la comida y la fascinación que nos da. Mis vecinas comensales fueron dos chicas. La de la derecha fue una linda chica llamada Vicky, que estudia fotografía gastronómica en la Fototeca. Resultó que nos seguíamos mutuamente en Instagram y nos dimos cuenta a la mitad del almuerzo (y nos dio mucha risa y felicidad). La chica de la derecha se llama Kimbery  y escribe algunos artículos para Guatedining, aparte de tener su propio "instablog". Además de estas chicas, la mesa estaba llena de personas curiosas, algunas con las que pude hablar y otras no tanto (pero siempre es entretenido observar a las personas).

Rápidamente apareció el primer plato, autoría de Jorge Jorge Lamport. En un plato blanco se asomaba un hermoso tentáculo de pulpo asado con ensalada de aceitunas, alcaparras y tomate. Al lado tenía una naranja asada con especias. Jorge Jorge nos lanzó la sugerencia de exprimir la naranja sobre el tentáculo y luego comérnosla. Esto fue lo que hicimos. Lo curioso fue que la naranja estaba deliciosa y hasta la cáscara nos comimos. 

Lo divertido (además de la maravillosa comida) fue la sincronización en la que todos tomamos nuestro celular y antes de siquiera pensar en tomar un cubierto, fotografiamos el lindo tentáculo. La verdad, cuando uno es de esos "foodies" que goza tomar fotos de su comida, es un tanto delicioso poder comer con personas que hacen lo mismo y que discuten lo mismo. Todos nos alegramos (y reimos un poco) mientras tomábamos cuantas fotos quisiéramos. Vicky, la chica de la fototeca, se lanzaba con su cámara y comparábamos nuestros platos para ver cual era el más lindo, así ella fotografiaba ese. 

Luego tomó la batuta Debora Fadul con mi favorito del día. Una Pancetta en cerveza oscura (perdón, la temática del almuerzo eran platillos cuyo maridaje perfecto fuera cerveza modelo). La pancetta tenía un escabeche de rábano, manzanas y otras cosas deliciosas. No sé que caras de felicidad habré estado haciendo que parecía como si me hubiera transportado a un universo paralelo. 

Luego apareció de nuevo Jorge Jorge a presentarnos el siguiente plato. Sobre una cama de ensalada repollo y mango (hermosos colores) se sentaban unas costillas baby back con salsa de barbacoa, a la parrilla. Nos lanzamos rápidamente sobre ellas, algunos apenados con cubiertos y otros tomando los huesos con las manos. 

El siguiente plato nos sorprendió por la combinación de sus ingredientes. Nos sirvieron un pequeño plato hondo con banano a la parrilla, camarones en cardamomo, manía garapiñada y muchos ingredientes más que hicieron de este plato una agradable sorpresa. 

El último plato fue el postre. Quisiera poder describirles de la manera ideal el postre, pero realmente me resulta un tanto complicado (y lo mismo dijo la chef Debora Fadul al tratar de describirlo, así que me justificaré). El postre era un queso Mütut a la parrilla con miel de jalapeño, helado de curry y media docena más de piezas que encajaban como un complicado rompecabezas cuyo resultado te tomaba un poco de tiempo comprender. 

El almuerzo terminó y platicamos un poco en sobre mesa. Luego aproveché a platicar con el siempre interesante Pablo Bromo, amigo instagramero, escritor de Mister Menú y como amigo de la vida pasada. Lo cierto es que estaba satisfecha y no podía comer más. Dí un par de vueltas en el jardín viendo de nuevo qué estaba ofreciendo cada restaurante. Todos tenían opciones tan interesantes y yo me moría de antojo, pero mi estomago no quería ceder, así que ví un par de clases de cocina y observé personas pasar.  Rápidamente y de manera seudo orgánica, me vi envuelta en un nuevo grupo de amigos foodies.  

Disfrutamos el atardecer, platicamos sobre comida, restaurantes, vino, cervezas, música, e historias de trabajo; realmente de todo y de nada al mismo tiempo. Dos bandas geniales invadieron el escenario y una banda que hace covers de Queen creó el ambiente perfecto como para que yo quisiera negociar la duración de los minutos. 

Luego, como ya era hora de cenar, probamos el catrín de La Feliz Bicicafé (mientras Victor se burlaba que yo llevaba todo el día en el festival) y luego la sorpresa del festival, la comida india de Everest

El domingo fue el segundo día del festival. Me levanté súper tarde. El día anterior por comer en el foodie club no pude probar muchos restaurantes, así que sentía que no había aprovechado al máximo el festival. Le escribí a una amiga y con su hermana invadimos de nuevo el festival. Yo moría por probar el risotto de Gracia (restaurante que tengo en mi to-do list desde hace mucho), pero cuando llegamos ya se había terminado de lo bueno que estaba. 

Esto no fue impedimento, y la comida que probamos va así:

Deliciosas croquetas de queso de cabra con cebollas caramelizadas y vinagre balsámico de Biba

La tienda de Clio's, Clio's Food Craft (otro de mis lugares favoritos de la zona 10) nos sirvió una hamburguesa de pulled beef con salsa chipotle y otra de pulled pork. El acompañamiento fue la más espectacular ensalada de repollo que he probado (lo prometo, estoy TRAUMATIZADA). Esta es mi foto favorita del día, se ven hermosas (y estaban deliciosas). Además aproveché a comprar galletitas y sal con hierbas.

Luego invadimos el área de churrasqueras y probamos la hamburguesa de puyaso con queso Camembert y cebollas caramelizadas de Jungla Grill (esta fue la favorita de las chicas) y también tuvimos un momento retro con panitos de queso. 

Otra de las cosas maravillosas de este festival fue por fin descubrir una de mis nuevas cervezas favoritas. 

Terminamos con un Dim Sum experience, que tenía la variedad de "finger food" que sirven en este curioso oasis asiático justo en medio del mundo del retail, ahora transportado a su versión festival. 

 

Después de un festival como este, quedan muchas historias y experiencias que contar, me da gusto poder contarles un poco y animarles a que procuren ir a tanta actividad que nuestra hermosa ciudad nos ofrece. Sería genial que descubran lugares, comida y personas que los hagan felices.

El domingo, nos fuimos cuando se asomaba el atardecer, felices por tanta comida deliciosa y tanto jardín soleado. 

25 años, una playlist de Spotify y París

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Feliz día amiga

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